Después de hacer unas diligencias en la alcaldía, pasamos frente al mercado. Era casi mediodía, así que no había mucho que comprar ni escoger. A esa hora, el silencio del mercado es casi inimaginable con respecto al bullicio de las primeras horas, pero entramos igual a fisgonear. Quedaban algunas verduras y los indescriptibles peperoncini. Siempre…