Boletín #30 | ¿Y si tu metabolismo no está lento… sino agotado de adaptarse?

Señales clave para identificarlo y cómo activarlo

Hay una frase que escuché hace poco tiempo y quiero repetirla cada vez que mi cuerpo cambia: “No estoy perdiendo energía, es mi cuerpo contándome otra historia”.

Esto viene a colación porque el calor del verano, cerca del mar, además de lograr que nuestra energía se reduzca gracias a una humedad de 85%, nos hace sentir que todo avanza con una lentitud estilo perezoso (el mamífero de cara dulce). Después de los 40, muchas mujeres sentimos que algo se desacelera. La ropa aprieta distinto, el sueño no descansa igual, y el hambre aparece en horarios más caprichosos. ¿Es el metabolismo que se “pone lento”? Tal vez. Pero lo más honesto sería decir que el cuerpo está intentando adaptarse a una nueva etapa de vida… y necesita que tú lo escuches.

Lo que no te dijeron del metabolismo

El metabolismo no es una máquina oxidada que deja de funcionar porque cumpliste años. Es más bien un sistema de adaptación constante: transforma la energía que comes en movimiento, pensamiento, digestión, y hasta en emociones. Lo hace desde que naces… y no se detiene.

¿Entonces por qué tantas mujeres sentimos que “ya no quemamos como antes”?
Porque es real: el metabolismo se ajusta a lo que haces, no a lo que eras. Y si cambian tus hábitos, tus hormonas, tu sueño y tus emociones… él también cambia.

¿Qué está pasando ahí adentro?

A partir de los 40:

  • Pierdes masa muscular más fácilmente (y el músculo es un horno que quema energía).

  • Las hormonas se reorganizan como una mudanza hormonal (menos estrógeno, menos testosterona, más resistencia a la insulina).

  • Te mueves menos (aunque no te des cuenta), y eso reduce tu gasto energético.

  • Tu cuerpo prioriza la supervivencia: guarda, conserva, evita el esfuerzo innecesario.

Y por si fuera poco: si arrastras años de estrés, mala alimentación o dietas restrictivas, tu metabolismo no está lento: está agotado de sobrevivir sin apoyo.

Lo emocional también pesa

No podemos hablar de metabolismo sin hablar de cómo nos sentimos dentro del cuerpo que habitamos.
A muchas nos cuesta reconocernos: ya no somos las que resistían noches sin dormir, ni las que comían lo que fuera sin pasar factura. Y eso puede doler, puede generar vergüenza… incluso rabia.

Pero, ¿y si en vez de pelear con el cuerpo, aprendemos a acompañarlo?
El cuerpo no falla. Cambia. Nos toca aprender a caminar con él, no contra él.

No se trata de castigar, sino de construir

No necesitas una solución milagrosa. Necesitas constancia, compasión y pequeñas decisiones diarias. Aquí algunas ideas que yo misma implementé en mi vida a los 40 (el resto de lo cuento en mi libro -casi listo- en septiembre), para empezar a cuidar tu metabolismo sin dietas locas ni entrenamientos extremos:

Mueve tus músculos con intención
No se trata de matarte en el gimnasio, sino de mantener y ganar algo de fuerza. Caminar, subir escaleras, cargar bolsas… todo suma si lo haces con regularidad. Actualmente, yo uso ligas, si estás en Estados Unidos o Latinoamérica te dejo aquí el enlace por si acaso quieres comprarlas. Son ligeras y puedes llevarlas contigo a cualquier parte. Y recuerda que no pagas de más por comprarlas con mi enlace.

Come suficiente proteína real
Tus músculos necesitan ladrillos para sostenerse. Añade legumbres, pescado, huevos, frutos secos, pollo, tofu, o lo que te guste… pero dales presencia en cada comida.

Duerme de verdad
No “duermas cuando puedas”. Haz del descanso una prioridad. El metabolismo ama la calma nocturna.

Regula el estrés (y no solo con meditación)
El estrés crónico eleva el cortisol y sabotea tu metabolismo. Camina, habla, escribe, respira profundo… pero sobre todo, di no a lo que te sobrecarga. ¿Por qué crees que el pódcast vuelve en septiembre? Porque “mi equipo” (soy yo) necesitaba una pausa para no claudicar. Escribir los guiones, grabar los episodios, editar el sonido, diseñar los post, escribir un libro y tener dos columnas semanales comenzaban a pasar factura (pero ya reconozco los síntomas, así que paré a tiempo y continúo con el trabajo haciendo cambios en la estrategia).

Evita castigos disfrazados de autocuidado
No te saltes comidas, no te insultes frente al espejo, no te compares con la versión de ti misma que ya no existe. Eres tú ahora. Y eso tiene valor.


Una reflexión final

Tu cuerpo no es tu enemigo. Tampoco es el mismo de antes, es cierto. Pero si lo escuchas —con paciencia y sin juicio— descubrirás que aún tiene fuerza, deseo, vitalidad… solo que en otro lenguaje.

Después de los 40 no se trata de volver a ser quien eras. Se trata de ser quien puedes ser con lo que ahora sabes. Y eso, querida lectora, es una ventaja que no tiene precio.


Si este tema te resonó, compártelo con otras mujeres que están en este mismo camino. Y si quieres escuchar más, no te pierdas los nuevos episodios de “Al gusto y al dente” que vuelven en septiembre, con más historias reales sobre salud, emociones y sabor.


Además, en Pomodoro Food y Amazon muy pronto podrás encontrar mi libro y talleres sobre alimentación emocional y más.

Nos vemos el próximo miércoles,
abrazo,

Cinzia


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