Carta del editor #1

En el primer trimestre de este recién estrenado año, se cumple cinco años del comienzo de la pandemia del COVID—19. Nos vimos obligados a hacer cambios significativos tanto en lo personal como en lo profesional. Las pausas laborales se hicieron más extensas de las que se estimaron en un inicio, cambiaron nuestros hábitos alimenticios, el patrón del sueño y la actividad física; ni hablar de nuestra forma de relacionarnos con nuestro círculo más cercano y con el resto del mundo. Aunque desde hace unos dos años hemos vuelto a vivir con cierta normalidad, si es cierto que hemos introducido algunos de esos cambios a nuestras rutinas.

La pandemia adelantó muchas cosas, lo que esperábamos que ocurriera en 2030 ya está entre nosotros y lo podemos percibir también en el panorama gastronómico. El año 2024 nos dejó una perspectiva llena de posibilidades y desafíos de cara al 2025; como la impresión en 3D, la búsqueda de una alimentación más saludable, sostenible y consciente; impulso de la innovación, la creatividad; y observando cómo la tradición se fusiona con la tecnología dando lugar a experiencias culinarias únicas y memorables.

Pero ¿Qué podemos esperar para el 2025?

Sin duda, un mayor protagonismo de la gastronomía local, sin importar dónde vivamos. La pandemia aceleró la tendencia hacia lo local, y esta tendencia se consolidará desde 2025 en adelante. Los chefs seguirán explorando los ingredientes de su entorno y creando platos que reflejen la identidad de cada región.

En países con mayores adelantos tecnológicos o restaurantes con capitales de cierto nivel económico, podremos observar una personalización de la experiencia gastronómica: La tecnología permitirá ofrecer menús personalizados y experiencias a medida, adaptándose a los gustos y necesidades de cada comensal, creando experiencias poderosas para la mente y el paladar del consumidor.

La sostenibilidad seguirá siendo una prioridad para los chefs y los consumidores. Veremos un mayor compromiso con la reducción del desperdicio alimentario, el uso de energías renovables y la promoción de la agricultura ecológica. En efecto, en ciudades como Madrid, Miami y Nueva York hay restaurantes con una política de cero desperdicios, cuyos menús ofrecen platos para llevar por menos de la mitad del precio regular, con tal de no botar ese remanente del día.

Nos esperan años muy interesantes a partir de este 2025; una cocina basada en plantas, el uso de ingredientes locales y de temporada, con una marcada presencia de la tecnología que fomentará nuevas técnicas de cocción y fermentación, impulsando un tipo de alimentación más consciente con menús más sostenible y menos desperdicios.

¿Creen que seremos capaces de poder transformar el sistema alimentario y construir un futuro más sostenible y saludable? Esperemos al editorial de diciembre de este año y veamos cómo nos fue.

¡Feliz Año 2025 para todos!


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