Un viaje delicioso por la neurogastronomía
¿Quién diría que un simple trozo de chocolate negro puede ser mucho más que un capricho? El chocolate negro no solo conquista el paladar, sino que también tiene el superpoder de mejorar nuestro ánimo y concentración.
Esto lo aprendí en mi segunda clase del Diplomado de Neurogastronomía Aplicada en julio del año 2020. Estábamos en plena pandemia y tenía en mano la corrección y la edición de un libro de Merlín Gessen, periodista y chef venezolano, director del Instituto de Neurociencia de las Américas y pionero en Latinoamérica en Neurogastronomía Aplicada. Mientras corregía el texto, me di cuenta de que eso que me apasionaba saber —por qué algunos sabores me hacían querer comer más o por qué un olor me traía recuerdos de algo que había sucedido muchos años atrás— tenía un nombre que desconocía: la Neurogastronomía. Y a partir de ese momento puedo decir que soy una neurograstrónoma en construcción.
Pero vayamos al grano…
La primera vez que hice una neurocata de chocolate fue al inicio del diplomado. Aprendí a degustar el chocolate (luego hicimos uno de yogur) desde otra perspectiva. A través de ella pude entender los perfiles sensoriales que conseguimos percibir si le damos al cerebro las herramientas necesarias.
La neurocata consistía en tomar un trozo de chocolate, preferiblemente amargo, dividirlo en cuatro trozos del mismo tamaño y hacer cuatro catas en cuatro tiempos diferentes.

Con cada trozo se hacía una prueba distinta, desde colocar el trozo de chocolate en un punto específico de la lengua hasta acompañar la experiencia con un tipo particular de música para concluir, al final de cada etapa, cómo se percibía sensorialmente; por ejemplo, mientras se derretía por completo el chocolate, si se pegaba al paladar, si había mucha o poca saliva, si sabía más a cacao o a leche, cuál era su sensación térmica: frío, cálido… El objetivo era encontrar un recuerdo de la infancia mientras comíamos chocolate y disfrutábamos del sabor.
Habla la neuro: sabores que hacen vibrar emociones
El chocolate negro es mucho más que un manjar. En cada mordisco percibimos un poco de amargo, un poco de dulce y un toque ácido. Y esa mezcla no pasa desapercibida para el cerebro. Cuando lo pruebas, se activa una festividad interna donde se liberan neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, mensajeros que te hacen sentir feliz, relajado y hasta un poco enamorado de la vida (por supuesto, estamos hablando de chocolate).
Pero más allá de lo delicioso, el chocolate negro es un aliado para el cerebro. ¿Por qué? Aquí van algunas razones, pero antes debo precisar algo: de acuerdo con los nutricionistas y médicos que investigué, cualquier característica nutricional de un alimento no debe llevarse al extremo de consumición y de ingestas absurdas a cuenta de sus beneficios. Así no funciona.
1. Concentración a tope: Gracias a los flavonoides del cacao, mejora la circulación sanguínea en el cerebro. ¿El resultado? Más oxígeno, mente despierta y foco láser para esas tareas que requieren toda tu atención.
2. Buen ánimo en cada bocado: Contiene teobromina y feniletilamina, dos compuestos con nombres difíciles, pero efectos maravillosos. Te ayudan a sentirte más tranquilo, feliz y con menos estrés. Es como un abrazo en forma de chocolate.
3. Cerebro protegido: Sus antioxidantes son como pequeños escudos que cuidan tus neuronas del estrés oxidativo. A largo plazo, esto puede ayudarte a mantener tu mente más ágil y sana.
4. El paladar: Tu paladar no es solo una herramienta para saborear, es un puente directo a tu cerebro. Cada textura, temperatura y sabor que percibes envía señales que activan recuerdos, emociones y sensaciones. Por eso, comer un buen chocolate negro puede transportarte a momentos felices, relajarte o incluso inspirarte.
5. La fiesta comienza cada vez que muerdes un trozo de chocolate negro, tu cerebro se pone en modo festividad. Las papilas gustativas hacen el primer trabajo, detectando todos esos matices complejos del cacao. Luego, la información viaja a la corteza gustativa y de ahí, directo a las zonas del cerebro que gestionan la memoria y las emociones. Por eso, un simple trozo de chocolate puede hacerte sentir tan bien y ayudarte a concentrarte mejor.
Un pequeño placer, un antojo, un gran impacto
El chocolate negro es uno de esos placeres sencillos que esconden un poder enorme. No es solo un antojo, es una forma de cuidar tu mente y tu estado de ánimo. La neurogastronomía nos enseña que cada bocado puede ser un acto de bienestar. Así que, la próxima vez que disfrutes de un trozo de chocolate negro, saborea cada instante. Estás nutriendo tu cuerpo, mimando tu mente y dándole a tu día un toque de felicidad.
¿Qué más quieres? ¿Una receta?
Aquí va.
Trufas energéticas de chocolate negro

Ingredientes (para 12 trufas):
150 g de chocolate negro (mínimo 70% de cacao)
100 g de nueces (ricas en ácidos grasos omega-3 para la salud cerebral)
8 dátiles (aportan energía natural y ayudan a estabilizar el ánimo)
1 cucharada de cacao en polvo sin azúcar (para potenciar los antioxidantes)
1 pizca de sal marina (realza el sabor del chocolate)
1 cucharadita de extracto de vainilla (aroma que despierta el placer sensorial)
Opcional: una pizca de canela o cardamomo para un toque especiado que estimula la mente (yo usé canela).
Preparación:
1. Derrite el chocolate: Trocea el chocolate negro y derrítelo a bañomaría o en intervalos de 30 segundos en el microondas, removiendo cada vez para que no se queme.
2. Prepara la base: En un procesador de alimentos, mezcla las nueces hasta obtener una textura arenosa. Añade los dátiles deshuesados y procesa de nuevo hasta formar una masa pegajosa.
3. Mezcla: Incorpora el chocolate derretido, el cacao en polvo, la sal, la vainilla y la especia que elijas. Procesa hasta que todo esté bien integrado. La mezcla debe ser densa pero moldeable.
4. Forma las trufas: Con las manos ligeramente húmedas, forma bolitas del tamaño de una nuez. Con suavidad, haz un hueco en el medio y rellena con lo que quieras (nueces, dátiles, chocolate blanco); cierra de forma envolvente hasta obtener de nuevo una bolita. Puedes rebozarlas en cacao en polvo, coco rallado o semillas de sésamo tostadas, según tu preferencia.
5. Refrigera: Guarda las trufas en la nevera durante al menos 30 minutos para que se endurezcan.
Estas trufas son perfectas para un snack antes de una jornada intensa o cuando necesites un impulso de energía sin caer en alimentos ultraprocesados. Anímate a probarlas.
Y si haces las trufas, avísame para compartir el resultado (mándame una foto).

Descargo de responsabilidad El contenido de este boletín tiene carácter meramente informativo y no sustituye ningún consejo o tratamiento médico. Siempre, consulte con su médico de atención primaria antes de realizar cualquier cambio en su estilo de vida, dieta o actividad física, especialmente si tiene alguna condición médica o está tomando medicamentos.
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