Amor 2.0: ¿Por qué nos da tanto miedo ser cursis?
Aclaremos algo. Si naciste después de los 90, lo más probable es que el 14 de febrero te genere una mezcla entre pereza y un poquito de cringe. Entre las cenas carísimas con menús abarrotados de afrodisíacos y los osos de peluche gigantes, es normal que prefieras quedarte en casa haciendo scroll.
Pero hay algo que está pasando y que es muy real: hemos cambiado las flores por los códigos, incluso en las generaciones anteriores a los años 90.

Ahora el amor se insinúa. Todos hemos visto esa foto en Instagram donde solo se ve el borde de una camisa o dos copas de vino bajo una luz tenue. Lo llamamos mantener el misterio, pero a veces es solo miedo a que, si lo hacemos oficial, la magia se rompa. Lo curioso es que, aunque huyamos de lo tradicional, seguimos teniendo la misma necesidad de siempre: conectar, pero conectar de verdad, sin el filtro de perfección que nos exige internet.
Aún así, percibo menos pose y más sabor, menos guion. Los jóvenes de hoy valoran más una experiencia real (aunque sea caótica) que una puesta en escena de película. Tal vez se trata de recuperar el sentido del gusto, pero no solo en la boca, sino en la vida. Saber distinguir qué nos hace sentir bien y qué es solo ruido visual.
Al final, celebrar algo (ya sea con una pareja, con amigos o contigo mismo) es simplemente parar. En un mundo que va a mil por hora, decidir que vas a dedicarle dos horas a saborear una comida y una conversación es casi un acto de rebeldía.
No hace falta que sea 14 de febrero, ni que sea romántico en el sentido clásico. Solo hace falta que sea auténtico. Que te sepa a algo de verdad.

P.D. Si te quedaste con ganas de más sobre cómo recuperar esa capacidad de disfrutar y sentir (sin rollos raros), mañana estreno el segundo episodio del pódcast: Recupera tu paladar. Hablamos de eso: de volver a encender los sentidos. Nos escuchamos en Salud al gusto y al dente.
Los abrazo,
Cinzia
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