En días recientes, decidimos de un minuto a otro, irnos a pasar un rato a la playa, para aprovechar estos días de primavera anticipada, perfectos para este tipo de paseos: sol a toda luz, poca brisa y ganas de estar en la calle. El menú, resultado típico de la improvisación, fue: algunos fiambres, galletas saladas, quesos de varias maduraciones, algunos vegetales y “sobras” de la noche anterior: carne de cordero y pescado asado (las sobras son las comidas más sabrosas) y dos botellas de vino.

Como saben, yo estoy en la “punta de la bota” italiana, Calabria y, por las dos botellas de vino que llevamos, entendí que es una zona que se revela como un genuino tesoro vitivinícola. Toda la región es dueña de un paisaje muy variado, desde del Aspromonte y La Sila hasta las soleadas costas que se asoman a los mares Jónico y Tirreno. Y junto al paisaje, su clima ha contribuido también a una producción de vinos de absoluto interés. Esto es de gran significancia, ya que estamos frente a una diversidad de productos (y sabores) en una región que pareciese que nada sucede y todo tiene color a estancamiento.
Luego supe que, actualmente, en Calabria hay unas 11.000 hectáreas de viñedos, de las cuales más del 90% se encuentran en zonas montañosas o de colinas, por lo tanto, muy adecuadas para la viticultura. Con más de 70 productores de vino, la producción total anual de vino se acerca a los 400.000 hectolitros. Sigo repitiéndome, es una hazaña.
Dentro de la variedad de uvas y producciones, uno de los protagonistas indiscutibles es el Cirò DOC, reconocido por su intensidad y matices que emergen de la uva autóctona Gaglioppo. Este vino tinto, con su bouquet de frutos rojos y toques especiados, es el compañero ideal para platos robustos como un sabroso estofado de cordero o una pasta con salsa de tomate y albahaca fresca.
Por otro lado, los vinos blancos y rosados de Calabria, elaborados con variedades como la Greco Bianco, invitan a maridar exquisitamente con mariscos frescos, ensaladas veraniegas y quesos suaves, resaltando el frescor y la vitalidad de la cocina local.
No es casualidad que, según estadísticas actuales, la exportación de estos vinos haya mostrado un crecimiento constante, posicionándolos como referentes de calidad tanto en Italia como en el mercado internacional.
Dentro de la lista de los vinos más reconocidos de Calabria y la zona de la que provienen tenemos cuatro; el Cirò DOC, proveniente de los municipios de Cirò y Cirò Marina, en la provincia de Crotone. Este vino, elaborado principalmente con la uva Gaglioppo, es uno de los emblemas de la región. Luego el Greco di Bianco DOC, es vino blanco, a menudo con un toque dulce, se produce en la provincia de Reggio Calabria, en torno a la localidad de Bianco, destacándose por su elegancia y singularidad. Cercano a mi pueblo, tenemos los de Lamezia DOC, originario del área de Lamezia Terme, en la provincia de Catanzaro, este vino abarca versiones tintas, blancas y rosadas, reflejando la diversidad y riqueza del terruño calabrés. Y, por último, el Melissa DOC, producido en la provincia de Crotone, especialmente en el territorio de Melissa, este vino celebra las tradiciones locales y el carácter propio de la viticultura calabresa.
Las dos botellas de vino que llevamos eran de la Tenuta Iuzzolini (Finca Iuzzolini). Dos Ciró DOC: el tinto clásico y el blanco. El tinto es de color rubí vivo. El aroma es delicado, intenso y agradable. Creo que es ideal para carnes rojas, caza y quesos de curación media, con una temperatura de servicio entre los 17—18 °C.


El Greco di Bianco, en cambio, es de amarillo pajizo con reflejos verdosos. Su perfume es afrutado y fragante, delicado y su sabor es suave, fresco, agradablemente armonioso. Con una temperatura de servicio entre 8—10°C.
Al llegar a la casa, busqué la página de la Tenuta. Me encantaría visitarla, incluso, tiene un museo. Lástima que estemos tan distantes, Ciró Marina está a dos horas y media de Amantea, pero algún día programaré una visita. Sé que valdrá la pena.
Lo otro que valdría la pena hacer: un recorrido por toda la región y las fincas que producen vino… Una tarea complicada que habría que dividir en el tiempo, pero no imposible de lograr.
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