Cuando la mesa se despide de la Navidad
En Italia, el 6 de enero no es un día cualquiera. Se celebra la Epifanía —il giorno della Befana— y con ella se baja oficialmente el telón de las fiestas navideñas. Pero antes de despedirse, la tradición hace lo que mejor sabe hacer este país: sentarse a la mesa y comer… bien.
La noche de la vigilia de la Befana se celebra, según la costumbre, con una cena de 13 platos. Una cifra cargada de simbolismo que mezcla antiguos ritos paganos con la tradición cristiana, y que marca el final de diciembre con una mesa abundante, variada y, por supuesto, dulce. Porque si algo caracteriza a las despedidas italianas es que nunca son austeras.
Para quienes no la conocen, la Befana es una figura ancestral ligada a los ciclos agrícolas, la fertilidad y el cierre del año. Con el tiempo, esta imagen se fusionó con la tradición cristiana de los Reyes Magos y la Epifanía, dando lugar a una celebración popular que combina regalos, superstición… y comida. Mucha comida.
Y no nos engañemos: en Italia no hay tradición que no pase primero por el estómago.
Este año la celebración fue en casa de una prima, rodeados de familia y amigos. Hacía tiempo que no vivía esta fecha y había olvidado algunos de esos platos que parecen no negociables en la mesa de la Befana: pescado y dulces, como manda la tradición.
El menú fue una especie de resumen perfecto de lo que es esta vigilia:
tres antipasti, dos tipos de pasta —una con pescado y otra con migas de pan—, pescado con zanahorias, verduras estofadas y tres postres. Entre ellos, una joya del norte de Italia que merece mención aparte: la Focaccia di Susa, una focaccia dulce típica del Piamonte.
Confieso que fue mi favorita. Por eso les dejo la receta, con fotos, para que no se quede solo en el recuerdo.
Y así, casi sin darnos cuenta, llegamos al final de la Navidad. A esa comedera que empezó —si somos honestos— mucho antes del 24 de diciembre, probablemente el primer día que alguien dijo “esto es solo una probadita”.
Enero aparece entonces como ese amigo sensato que toca el timbre y dice: basta, volvamos a ser gente seria. Caminatas, rutina, algo de movimiento y una idea simple pero poderosa: comer para vivir, no vivir para comer.










Focaccia di Susa
Ingredientes
500 g de harina
50 g de mantequilla
2 huevos
30 g de azúcar
20 g de levadura de cerveza
Una pizca de sal
Preparación
Separar las yemas de las claras y colocarlas en dos boles. Añadir el azúcar a las yemas y batir hasta obtener una mezcla clara y esponjosa.
Batir las claras a punto de nieve con una pizca de sal. Disolver la levadura en un vaso pequeño de agua tibia y ablandar la mantequilla a temperatura ambiente.
Formar un volcán con la harina sobre la mesa y verter en el centro la levadura disuelta. Comenzar a mezclar incorporando poco a poco la mantequilla, las yemas y, por último, las claras montadas.
Amasar con cuidado, añadiendo agua tibia si es necesario, hasta obtener una masa suave y homogénea, procurando no derretir la mantequilla.
Formar bolas del tamaño de una manzana, colocarlas sobre una tabla enharinada, cubrir con un paño y dejar reposar unas dos horas.
Aplastar las bolas formando discos de aproximadamente 1,5 cm de grosor y dejar reposar una hora más.
Colocar las focaccias en una bandeja de horno, espolvorear con azúcar granulada y presionar la superficie con las yemas de los dedos para crear las hendiduras típicas.
Hornear a 200 °C hasta que estén doradas y el azúcar caramelizado.

Y ahora sí, se acabó diciembre
Después de semanas de celebraciones, mesas largas y excusas culinarias perfectamente justificadas, enero nos invita a algo distinto: escuchar de nuevo al cuerpo y al paladar. No para castigarlos, sino para afinarlos.
Si sientes que diciembre fue un exceso —no solo de comida, sino de automatismos—, este es un buen momento para cambiar el enfoque. En mi libro sobre hambre emocional y alimentación real, propongo justamente eso: salir del piloto automático y volver a comer con conciencia, placer y sentido común.
Por eso, la invitación es clara y amable: empieza el año con un pequeño reto personal, un “Despierta tu paladar”, donde no se trata de prohibir, sino de elegir mejor. De volver a sentir, saborear y decidir desde el cuerpo y no desde la culpa.
En Amazon: Calma tu hambre emocional y despierta tu paladar
La Befana se va, la mesa se recoge… pero el camino hacia una relación más sana con la comida apenas comienza.
¡Feliz Año Nuevo!
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