Antes que nada, te aclaro
Puedes compartir este texto con quien creas que lo necesite, pero debes saber que no es para personas que tengan una patología o un trastorno serio: cualesquiera de los trastornos de la conducta alimentaria (bulimia, anorexia, atracones), diabetes, hipertensión, enfermedad del corazón … y un largo etcétera. Si eres parte de este grupo, debes seguir con las indicaciones de tu médico.
Ahora, vayamos al grano.
Desde el miércoles pasado, mi país atraviesa uno de los momentos más oscuros y tristes de su historia reciente. Los niveles de angustia, desesperanza, rabia y dolor son muy altos.
Vivimos una tragedia natural inevitable, dos terremotos casi en simultáneo, pero sumada a las consecuencias de tener un gobierno y un Estado fallido, todo nuestro mapa emocional se altera aún más.
Ante la pérdida de familiares, casas, negocios, mascotas, recuerdos debemos sumarle la de vivir la desgracia desde la pantalla del celular. La impotencia entra por los grupos de WhatsApp, por los titulares se desmoronan cada cinco minutos para cambiarlos por otros más alarmantes… Todo esto resuena en el cuerpo y en la mente.
Es lógico que busques cobijo y vayas directamente a la cocina.
Buscar comida en este momento es totalmente legítimo. Tu cuerpo sabe lo que necesita. Y te digo más. Si en algunos momentos eso te parece exagerado, o que aparece con demasiada frecuencia o con mucha urgencia: estás atravesando algo que el sistema nervioso identifica como amenaza.
Esa hambre emocional no está relacionada con tu peso ni con tu dieta actual. Quien la produce es el momento, la circunstancia, no hay nada más que buscar. Por eso, en medio de una crisis como la que vivimos, no tiene sentido decirte come mejor, o deja los ultraprocesados … Si lo quieres hacer porque tú has probado que te sientes mejor; adelante, pero no es el momento para más castigos y restricciones. No voy por ahí, y nadie debería hacerlo.
Antes de ofrecerte cinco pasos para mejorar estos días de crisis —no es una dieta de emergencia, ni restricción disfrazada de cuidado— te pido que, cuando puedas, cuando tengas un poco de calma, intentes identificar cuándo te sientes satisfecho después de una ingesta, para que no te sientas muy pesado o te dé indigestión.
La comida ha sido siempre, para toda la humanidad, más que nutrición: es cobijo, es lenguaje de amor, es la primera forma en que aprendimos a ser cuidados. Cuando el mundo duele, es lógico que busquemos ese refugio. Pero recuerda esto y escríbelo en piedra:
Ese refugio debe ser temporal, no lo olvides. Puedes pasar el límite de quedarte en esa situación y no es saludable.
Por esto he pensado en estas cinco cosas que puedes hacer sin sentir culpa, pero con criterio. Recuerda lo que te dije más arriba: no es una dieta de emergencia, ni restricción disfrazada de cuidado.
Dale permiso a tu cuerpo y come
No vamos a fingir que no tienes ganas. No vamos a hacer como si la solución fuera controlarte. Dicho esto, puedes comer lo que quieras, cuando quieras, aunque sea por angustia. Tu cuerpo ya está cargando suficiente peso emocional. Sumarle culpa es poner piedras en una mochila que ya está llena. Come. La comida no va a arreglar el mundo, pero tampoco lo va a empeorar si le das este permiso.
¿Sabes qué te puede ayudar momentaneamente?
Comer algo dulce, si tu paladar lo pide, o algún carbohidrato con algo de grasa. Estos alimentos aumentan la dopamina en el cerebro, generando una sensación de placer y alivio del dolor.
¿Estos alimentos son una trampa biológica?
Sí, alivian rápido, pero generan dependencia y picos de glucosa que aumentan la ansiedad, pero te lo dejo aquí para que lo sopeses.

Detente a observar, solo eso
Aquí viene la parte donde entra la consciencia. No te restrinjas, aprende a conocer mejor esa emoción. La próxima vez que llegues a la cocina buscando calmar ese desespero, antes de abrir la nevera: respira tres veces y pregúntate:
— ¿Qué estoy sintiendo justo ahora? (No es necesario responder la pregunta en ese momento, solo debes notarla y registrarla en tu mente).
— ¿Qué comida siento que necesito? (A veces la angustia pide algo específico: calidez, textura, algo familiar).
— Después de comer, ¿qué cambió? ¿qué sigue siendo igual?
Esta observación no es para castigarte, es para que vayas entendiendo qué necesita tu cuerpo en estos momentos.
Ten cerca comidas “cobija” conscientes
Aquí viene lo práctico. Identifica cuáles son las comidas que realmente te calman. No tiene que ser sano en el sentido de dieta (borra esta palabra de tu mente). Tiene que ser tuyo. ¿Arepa con queso? ¿Un café con pan, jamón y queso? ¿Un caldo que alguien que amas te enseñó a hacer? ¿Chocolate oscuro? ¿Cotufas? Esas son tus comidas de emergencia. Mantenlas disponibles. Sé consciente de que estás buscando ese refugio, sin avergonzarte por ello.

Crea otros refugios además de la comida
Aquí es donde ampliamos nuestro mundo emocional. No vas a reemplazar la comida (eso sería una restricción disfrazada), sino para que no sea el único lugar donde tu cuerpo busca calma.
Cosas pequeñas como una taza de té caliente, solo por tomar algo entre las manos. Cinco minutos en el piso, con los ojos cerrados, sin hacer nada. Una llamada a alguien que te entienda. Caminar sin destino. Agua fría en la cara (suena raro, pero reinicia el sistema nervioso). Algo que huela bien: un café, una planta, una vela.
Recuerda esto: no son alternativas a la comida, son otras formas de decirle a tu cuerpo: aquí estoy contigo.
Busca presencia, no distracción
La angustia crece en la soledad. Si puedes, rodéate de gente. Si es con comida de por medio, mejor aún. Una sobremesa, una conversación, alguien más que también está asustado y que entiende. Porque aquí está la verdad: los venezolanos que estamos navegando esto, dentro y fuera, necesitamos saber que no estamos solos.
Si estás alterado por las noticias, sería un absurdo decir que no veas noticias o no las escuches, pero trata de limitar el consumo de información. Cada vez que sientas que le dedicas más tiempo al scroll de la pantalla que a vivir, para. Come algo. Llama a alguien. Crea un espacio donde puedas estar sin estar constantemente procesando crisis.

Cuídate. Come cuando lo necesites. Y si puedes, come acompañado. Pero recuerda: esto no se puede prolongar en el tiempo. Tendrás que usar tu consciencia y tu templanza para darte cuenta de si la crisis va pasando, va bajando para que tengas la oportunidad de volver a cierta normalidad. Si no ocurre así, si pasas semanas en esta situación, debes pedir ayuda profesional. Tal vez tu desbalance emocional esté dando una batalla en medio del mar, y necesites quién te lance un salvavidas. Si quieres, déjame en los comentarios si estas recomendaciones te resuenan o crees que te puedan ayudar a pasar mejor las próximas semanas.
En todo caso, aquí hay gente que te entiende.
Te abrazo,
Cinzia
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