
En el primer episodio te hablé de la pastina in brodo, la cazuela de barro, el caldo humeando, los cartones animados en el televisor.
Era yo, de niña, sola, cenando.
No lo recuerdo como una noche triste ni como algo que me faltaba. Era simplemente mi cena, mi televisor, mi momento. Una niña completamente cómoda en su propia compañía sin saber siquiera que eso era una cualidad.
Hoy te hablo de lo que puede ocurrir cuando hay alguien al otro lado de la mesa.
Cuando termines, me encantará recibir tu respuesta a la pregunta final que dejo en este episodio.
Nos escuchamos en el próximo episodio
Cinzia
Episodios anteriores de la serie Las mesas que nos forman
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